Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.
JORGE LUIS BORGES
*****************************************
¡Anda que vaya año de desaparición bloguera que he tenido! Me gustaría que no hubiera sido así, pero contra eso poco puedo hacer. Como mínimo escusarme y hacer propósito de enmienda para el año que viene.
De mi vida y mis lares, sigo en mi cole trabajando con mis chicos de 1º, 3º y 4º de la ESO (Lo sé, me va el peligro jejeje)y en vías de independizarme en los primeros meses del 2011 (sí , sí, sí, sííííííííííí). Soy una privilegiada: con trabajo, amor, familia, amigos y salud. Poco le puedo pedir al nuevo año. Por lo menos que permanezca como el 2010.
FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!!!!
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31 de diciembre de 2010
7 de noviembre de 2008
Poema de la semana
¿QUIÉN ERES TÚ?
Se deshizo la luz,
equivocó su horario por dejarte desnuda,
desdibujó tus ojos mientras me sonreías.
Mientras me sonreías
vi una sombra inclinada desvestirse,
abrir la cremallera despacio del silencio,
dejar sobre la alfombra
la civilización.
Y tu cuerpo se hizo dorado y transitable,
feliz como un presagio que nos enfurecía.
Que nos enfurecía.
Solamente nosotros
(camaradas
de una cama ruidosa) y el deseo,
ese difícil viaje de ida y vuelta,
que ahora insiste y me empuja a recordarte
alegre, levantada,
un relámpago abierto entre los ojos,
recogiendo tu falda de joven colegial.
Mientras me sonreías,
yo me quedé dormido
en las manos de un sueño que no puedo contarte.
Se deshizo la luz,
equivocó su horario por dejarte desnuda,
desdibujó tus ojos mientras me sonreías.
Mientras me sonreías
vi una sombra inclinada desvestirse,
abrir la cremallera despacio del silencio,
dejar sobre la alfombra
la civilización.
Y tu cuerpo se hizo dorado y transitable,
feliz como un presagio que nos enfurecía.
Que nos enfurecía.
Solamente nosotros
(camaradas
de una cama ruidosa) y el deseo,
ese difícil viaje de ida y vuelta,
que ahora insiste y me empuja a recordarte
alegre, levantada,
un relámpago abierto entre los ojos,
recogiendo tu falda de joven colegial.
Mientras me sonreías,
yo me quedé dormido
en las manos de un sueño que no puedo contarte.
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